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Ulmus laevis

Olmo temblón, olmo blanco

Olmo temblón, olmo blanco (cast.); om pedunculat (cat.); zumar dilindaria (eusk.); European white elm, fluttering elm, spreading elm, Russian elm (ing.).

Autóctona

¿SABÍAS QUE…? Este olmo se creía originario del centro y este de Europa y oeste de Asia, pero recientes estudios realizados por la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Montes de Madrid ponen de manifiesto que es autóctono de nuestro territorio.

DESCRIPCIÓN

Árbol de hoja caduca, copa ancha y densa que alcanza los 35 m. Sus hojas son alternas, serradas y de base asimétrica. Se diferencia muy bien de otras especies de olmos por sus frutos secos (sámaras) con el margen ciliado (orlado de pelillos) y que son colgantes, pues tienen un rabillo muy largo.

ECOLOGÍA

De forma natural aparece como especie asociada a los cursos de agua y llega incluso a soportar suelos encharcados durante largos periodos de tiempo. Crece desde el nivel del mar hasta los 1600-1700 m.

DISTRIBUCIÓN

Se creía originario del centro y este de Europa y oeste de Asia, si bien llega al Pirineo francés. Algunas poblaciones estudiadas en nuestro territorio parecen confirmar que es autóctono de la Península Ibérica, aunque también es una especie que se ha plantado como ornamental y se ha asilvestrado en algunos lugares.

MÁS INFORMACIÓN

Cuando se publicaron la ulmáceas, Flora iberica no consideraba a Ulmus laevis como especie autóctona. Las poblaciones eran escasas y se pensaba que procedían de plantaciones y naturalizaciones, si bien al menos desde la época de Felipe II algunos autores ya lo incluían en sus catálogos. La Universidad Politécnica de Madrid, en colaboración con el Ministerio de Agricultura, lleva más de 25 años trabajando en el Programa Español del Olmo. Gracias a este proyecto se han podido conocer mejor las olmedas españolas y se han localizado numerosas poblaciones antes desconocidas. Se ha visto por diversos estudios moleculares que el olmo temblón tiene una variabilidad genética mayor que la de otras poblaciones europeas, lo que indica que la Península Ibérica puede haber sido uno de sus refugios durante la época de las glaciaciones.

Ulmus es el nombre latino que los romanos daban al olmo y su madera; laevis significa ‘liso’.